Nicki Nicole: rimas, razones y secretos detrás del ascenso más vertiginoso

Nicki Nicole: de dónde salió y a dónde va la rosarina que en menos de dos años acaparó la atención de la industria musical.

Nicki Nicole: de dónde salió y a dónde va la rosarina que en menos de dos años acaparó la atención de la industria musical

Lo único que recuerdo que le gustara a mamá era Dread Mar-I», dice Nicki Nicole mientras se prepara en una habitación de un hotel de Pilar para hacer las fotos de su primera nota de tapa con Rolling Stone. Con la mirada fija en un ventanal que da al parque y rodeada del equipo que empieza a trabajar en su pelo y en el maquillaje, recuerda que 10 años atrás, Mariano Javier Castro era apenas la voz del despertador: «Tú sin mí», el potente hit del verano 2011 que hoy es la canción de rock nacional más escuchada en YouTube, con 572 millones de visualizaciones al cierre de esta edición, sonaba cada mañana en el teléfono celular de Liliana, su madre. Ese 10 de diciembre que Nicki posa para la cámara del fotógrafo Eugenio Mazzinghi en locaciones tan dispares como una calle de tierra, una cancha de tenis y una pileta, sus seguidores escuchan por primera vez«Verte», un reggae luminoso y efectista listo para sonar en las playlists de verano y los parlantes Bluetooth clavados en la arena de las playas de la Costa Atlántica, con producción de Bizarrap y el featuring de Dread Mar-I. De despertarse todos los días escuchando «Tú sin mí» a compartir un estudio de grabación con él. «Fue lo primero que le dije cuando lo conocí», cuenta. «¡Yo odiaba tu canción porque me hacía ir a la escuela!».

Nicole Denise Cucco -su nombre real- estaba cursando la secundaria en una escuela nocturna de Rosario cuando, en abril de 2019, con un timbre de voz nasal, una bici, un bate de béisbol y una fogata se presentó desafiante y misteriosa en el video de «Wapo traketero», su primera canción. Rápido se ubicó como la nueva figura femenina del trap, una escena que en los últimos años se mantuvo en constante ebullición. Su irrupción generó algunas preguntas. Primero, qué significaba «traketero» -ella ya explicó en varias oportunidades que se trata de un dealer-, pero el gran interrogante era: ¿dónde había estado esta chica rosarina antes de lanzar ese hit, que ese año se ubicó en el puesto número 20 de las mejores canciones de Rolling Stone?

A los meses del big bang, Nicki completó la primera temporada de su carrera con Recuerdos, su disco debut, y así continuaría un viaje frenético por estudios y escenarios que, en 2020, tenía programadas varias escalas, en las que iba a cosechar los frutos de aquel comienzo con millones de plays en las plataformas digitales.

Nicki Nicole en la tapa de la edición de enero de Rolling Stone
Nicki Nicole en la tapa de la edición de enero de Rolling Stone Fuente: RollingStone

Para el inicio del año pasado, Nicki Nicole se sentía con más energía y más confianza que nunca. Estaba sumando horas de shows en vivo casi a la misma velocidad que crecían sus seguidores, actuó en la primera entrega de los Spotify Awards en Ciudad de México en marzo -ganó en las categorías Artistas Radar Trap y Mejor Artista en Consolas- y en el horizonte estaba Europa, para grabar con colegas de España y hacer unas fechas. Y de golpe, como le pasó a todo el mundo, su vida y sus planes se detuvieron con el comienzo del aislamiento social, preventivo y obligatorio.

«Entré en un bajón. Fue como que me arrancaron de mi vida y me dijeron ‘quedate en tu casa hasta no sé cuándo’. Fue un poco triste. No sabía qué hacer», dice ahora sobre esas primeras semanas en la casa de San Isidro en la que se instaló para hacer la cuarentena en Buenos Aires. Ese mood al que fue arrastrada por la incertidumbre le duró poco y con la misma velocidad con que se adaptó a las exigencias de una industria musical que puso expectativas altísimas sobre su voz, su arte y su imagen empezó a sacarle provecho a este parate, como si tuviera una chance más para seguir fortaleciendo los cimientos de su carrera incipiente. Lanzó «Colocao» y «Mala vida» con dos videos en los que selló su alianza con la directora Jess Praznik -a la que considera como una persona clave en su nueva vida- y fue parte de «Mamichula», otro de los hits de pandemia, con Trueno, su novio, y Bizarrap; estuvo nominada en los Grammy Latinos a Mejor Artista Nueva; cuando tuvo luz verde para volver a los estudios, grabó más de 30 temas con sus productores Mauro De Tommaso y Facu Yalve, más conocido como Evlay, entre la ciudad de Buenos Aires y una casa de Escobar; y en octubre viajó a Miami para grabar más tracks y sumar feats que en su próximo disco podrían ampliar el rango de alcance de su música, hasta ahora marcada por el tag TRAP que se ganó con esa aparición fulgurosa hace casi dos años. De alguna forma, en la cuarentena terminó de caer que estaba camino a convertirse en la estrella que alguna vez soñó ser y que necesitaba las herramientas que nunca había adquirido. «Me dije ‘en este tiempo que me están dando, voy a hacer todo para mejorar’. En cuanto a lo musical y en cuanto a lo personal, porque también a veces si no estás bien con vos mismo, por más que hagas 30 clases de canto… creo que eso también era importante: resolver lo de uno, lo propio, que a veces no hay tiempo para eso», dice Nicki. «A mí la pausa mundial me sirvió un montón».

Para octubre, con el regreso de los vuelos internacionales, Nicki Nicole se subió a un avión y se fue directo a Miami. Aún sin recitales, con ese viaje Nicki recuperó otra actividad que durante 2019 había empezado a ser muy común, pero que todavía sigue siendo una novedad para ella: antes del boom de «Wapo traketero», nunca se había subido a un avión, tampoco tenía pasaporte y, mucho menos, visa para entrar a Estados Unidos.

Esta vez, el contexto era otro: Estados Unidos llevaba a esa altura de la pandemia más de 200.000 muertes y los nuevos casos de contagiados variaban entre 40.000 y 60.000 por día. Pese a eso, en las calles de la ciudad la situación se vivía de otra manera. «Allá la gente puede hacer lo que quiera y le dan la responsabilidad a cada uno. Era, por un lado, libertad, pero también me cuidé mucho porque yo no quería quedarme 14 días más en Miami ni agarrarme Covid», dice Nicki.

Con su hermana Micaela, sus productores y su personal manager Matías Santoro, Nicki se instaló en una casa de la zona de Brickell. No eran los únicos argentinos en la ciudad con el plan de grabar nueva música: Duki y Bizarrap también viajaron a Miami para la misma época. En esta especie de cumbre de nuevas estrellas que marcan los charts y exportan música a toda la región como no se veía desde la época de Soda Stereo, no compartieron alojamiento, pero sí horas de estudio.

«Hice mucha música, que es a lo que fui», dice Nicki. «Verte», su primera fusión con el reggae, es uno de los temas que salió allá en Estados Unidos. «Mariano ya tenía las melodías preparadas y Bizarrap estaba muy enfocado. Lo hicimos en dos segundos», dice Nicki. Exagera, claro, pero no tanto. Es común que cada persona que haya visto cómo la cantante rosarina se comporta en el estudio diga que ella trabaja como si tuviera mucha experiencia, de manera expeditiva y tirando barras que salen de la improvisación. Cuando se bloquea, hace un break para ponerse auriculares, salir al aire libre y buscar inspiración en el ambiente. Al rato, vuelve a la carga.

El sonido veraniego de «Verte» es una de las cosas que fue a buscar Nicki en su viaje a Estados Unidos. «En Miami todo es más tropical. Lo que se pega, con letras no tan profundas», dice, «y eso a mí me re sirve porque yo hago lo contrario: letras que tengan un sentido, que tengan historia, y no soy tanto de hacer algo pegadizo. Entonces, me sirve mucho la vibra de Miami en ese sentido».

Aunque se siente más cómoda contenida por los productores de su equipo, Mauro De Tommaso y Evlay, no llevó ninguno de los 30 temas que había trabajado con ellos en los meses previos en Buenos Aires y decidió ir a comenzar otros desde cero. «Allá tienen otra manera de hacer música, otra manera de pensarla. Entonces dije: ‘Capaz si llevo algo y lo reciclo allá, me estoy perdiendo de hacer un temazo nuevo, ¿entendés?'», explica.

Además de una vibra soleada, Miami le aporta la capacidad de conectarse con los referentes del pop latino, el reggaetón y rap. Como Cazzu, que conectó rápido con los puertorriqueños Dalex, Sech, Lenny Tavárez y Feid para el remix de «Pa mí» y con Alex Rose para el remix de «Toda» y su carrera trascendió las fronteras argentinas, Nicki empezó un networking que no solo va a darle más presencia a su nombre en otros mercados: quizás sea por haberse formado musicalmente por fuera de la industria, tal vez por haber comprendido cómo se mueve el negocio más rápido que el resto de sus colegas o por puro atrevimiento, pero lo que ella tiene bien en claro es que no se quiere quedar girando solo alrededor del trap, el rap y el R&B.

No sabe si puede contar esto, pero igual lo cuenta. En Miami estuvo trabajando con Camilo, el cantante colombiano del éxito «Tutu» -con Pedro Capó- y que también fue autor de «Sin pijama» -el track de Becky G y Natty Natasha que en menos de dos años ya lleva casi 2.000 millones de reproducciones solo en YouTube-. «Me ayudó en algunas canciones que estuvimos haciendo con sus productores. Me decía: ‘Che, Nicki, esto está buenísimo’, ‘esto no tanto’. Son esos sonidos que a mí me atraen y que me gustan, y donde siento que con una persona como Camilo se puede armar algo mucho más piola, porque si yo estoy sola en un sonido que no es tan mío, es como que no te metés al 100 por ciento. A menos que haya una persona al lado que tenga el ritmo completo y lo pueda representar. Ahí es una fusión en la que te metés sí o sí», dice Nicki antes de empezar a hablar en tercera persona sobre el deseo que tiene de trabajar con artistas que estén más allá de las uniones obvias: «Si te dicen un tema medio de playa solo con Nicki, decís ‘mmm, qué raro’. Ahora, Nicki con Camilo, Nicki con Rauw Alejandro, decís: ‘Ah, va por ahí’. Eso es lo que estoy intentando buscar: al menos en los temas que sé que no es mi esencia, meto un featuring en el que sí está su esencia al 100 por ciento».

En todo momento que Nicki habla de la música que grabó en 2020, menciona la palabra «disco» y confirma que el plan para este año es lanzar el sucesor de Recuerdos. No sabe mucho de fechas ni tampoco si este sonido «de playa» va a dominar el disco. «Depende de las canciones que elija. Lo que quiero es que haya de todo. Que nada alcance, pero que nada canse», detalla.

Lo que sí sabe es que quiere poder tocarlo en vivo, algo que en 2020, al menos desde marzo hasta el final del año, solo pudo hacer una vez y sin público en la versión virtual del Buenos Aires Trap que se trasmitió el 3 de diciembre pasado desde el Movistar Arena. «Ese show estuvo increíble. Fui de un escenario al otro, estuvo a otro nivel, pero no había nadie del otro lado. Las personas están en sus casas», dice. «No es la energía que yo estaba sintiendo un año atrás, que venía de show en show, que le estaba agarrando cariño, porque nunca había hecho tantos recitales. Pasar al streaming fue zarpado. Hay que valorarlo un montón, pero sin la gente del público es otra cosa. Te cambia todo».

Más allá del despertador con «Tú sin mí» de Dread Mar-I, en la casa de los Cucco en Rosario no se escuchaba mucha música, aunque algún que otro fin de semana se veían las batallas de Pibes Chorros y Damas Gratis de Pasión de sábado. En el clásico programa del canal América, Nicki también descubrió a Los Wachiturros, la banda de cumbia que tuvo su boom en 2011 entre el hit «Tirate un paso» y sus looks de chombas Lacoste y cejas depiladísimas, y quedó «enamorada» de Simón, su cantante. Por tener el televisor clavado en MTV, encontró a Britney Spears y Black Eyed Peas, y el resto tuvo que ir a buscarlo durante las tardes en el ciber. Ahí aparecieron Madonna y Michael Jackson, pero, sobre todo, encontró a Lil Wayne, a quien considera su «primera inspiración» y el que la animó a zambullirse en la escena del rap rosarino.

Los Cucco siempre vivieron en Echesortu, un barrio de clase media y casas bajas cercano al centro de Rosario, por el que Nicki se movía en su bicicleta BMX roja. Sergio, su papá, tuvo muchos trabajos, en general vinculados a los autos: fue mecánico casi toda su vida y hoy tiene un lavadero. Su mamá fue ama de casa y trabajó como niñera. Nicki creció con tres hermanos mayores: Kevin, Guido y Micaela -que se convirtió en su asistente-. «Antes de que yo naciera mi viejo tomó muchas malas decisiones, pensando que iban a salir bien y salieron mal», explica Nicki para contar cómo los Cucco transitaron el pos 2001. «Capaz tenía un laburo buenísimo y lo dejaba para hacer otra cosa. No se daba cuenta de que atrás tenía una familia, una mujer que no trabajaba porque en ese momento no estaba muy normalizado que laburen fuera de la casa. Él decidía por sobre todo». Algunas pistas de cómo vivió esos años aparecen en sus letras: «Antes no teníamos pa’cenar/ Ahora estoy arriba de donde están», canta en «Colocao». «Nadie te decía que no se llegaba a fin de mes, ni te explicaban por qué íbamos a comer todos los días a lo de la abuela, pero nos dábamos cuenta de que algo pasaba».

Cuando Nicki cumplió 13 años, sus papás se divorciaron. Ella, su mamá y sus hermanos se mudaron a otra casa en el mismo barrio y la situación empezó a mejorar para la familia. «Mi hermanos eran grandes y empezaron a ayudar, y mi mamá también creció y se hizo más independiente», cuenta. En esa segunda casa, para Nicki, es donde las cosas «empezaron a pasar». Después de terminar la primaria en la Escuela Pestalozzi, Nicki cursó la secundaria en la Francisco de Gurruchaga, un colegio público y técnico orientado al arte y la comunicación. Gracias a esa escuela desarrolló un buen pulso para el dibujo y el grafiti, aprendió sobre teatro, se acercó al activismo estudiantil y se rodeó de compañeros que empezaban a pensar sus primeros proyectos musicales, más que nada de rock y hip-hop. Así llegó al rapero andaluz Delaossa, flasheó con el rap de España y dio con cantautoras como Nathy Peluso. De a poco, Nicki fue cerrando su universo de referencias a un puñado de géneros más ligados al rap, al trap y al hip-hop. «Esa escuela me dio una voz», dice Nicki. «Porque vos podés tener el talento más grande del mundo y una voz angelical, pero si no tenés nada que decir, nunca le vas a llegar al otro».

Cuando tenía 15 años, Nicki recibió su primer teléfono celular, un LG táctil, y su primer par de auriculares. Con ese aparato y bases que encontraba en YouTube empezó a grabar algunas canciones. A pesar de lo austero de esos primeros audios, la voz se sostuvo desde el principio como el elemento más llamativo de su propuesta. Incluso antes de trabajar con profesores de canto -algo que recién hizo después de la explosión de «Wapo traketero»- y sin jugar con ningún tipo de efecto en la posproducción, su voz y su forma de cantar tenían un brillo muy particular. Al freestyler rosarino Jonavi, que fue uno de los primeros en escuchar ese material casero, le alcanzaron 10 segundos de audio para proyectar el futuro de Nicki: «Esta chica se pega», pensó. Él veía que había otros elementos circundantes que también tenían mucho peso. «Para mí nunca fue tan fácil hacer una canción con alguien, más allá de su voz, es una persona muy creativa», dice Jonavi. «No es que le dicen ‘tenés que hacer esto’ y ella solo va y canta, Nicki tiene ideas y, aunque trabaje con otras personas, siempre le pone lo suyo a todo».

Escribir sus propias letras vino de la mano de las batallas de freestyle. «En ese momento no estaba preparada para competir, todo lo que me decían sobre el escenario lo sentía el doble y en Rosario había muchísimo nivel», dice Nicki, que contra sus propias inseguridades de entonces entraba a una de las competencias más picantes de la provincia gracias a Jonavi, un referente local de la escena freestyle que organizaba el evento Batalla Soberana. Ese ámbito fue, en parte, una escuela para empezar a hacer sus canciones, pero también para curtirse en un escenario que podía llegar a ser muy hostil para una rapera joven en una escena en la que era prácticamente la única mujer.

«La adrenalina que te dan las batallas es lo mejor», define Jonavi, que en 2018 alentaba a Nicki a competir en un torneo que recorría 16 localidades de la provincia con la idea de promover el freestyle a lo largo de Santa Fe y encontrar caras nuevas. «Si aceptás que alguien te agreda de la peor manera, cuando subas al escenario a dar un show la vas a romper porque te desligás de una presión». Ese nivel de desparpajo, Nicki terminó de destrabarlo una tarde, en Villa Constitución, a 60 kilómetros al sur de Rosario, cuando parada en el techo de un motorhome -escenario y movilidad de los organizadores de las competencias- improvisó una respuesta a un comentario misógino -que trata de recordar exactamente cómo fue y no puede- y el público estalló en aplausos y gritos. «Me asombró poder decir algo», se acuerda la rosarina. Nicki se había convertido en una sorpresa y en una promesa, no solo para la escena del freestyle de la provincia, sino también para ella misma.

Pasaron apenas tres años de esas batallas en las que las competidoras eran atípicas, y los remates machistas estaban a mano. «Te tiraban las de siempre, lo que primero les salía y después te pedían disculpas», dice Nicki, que aunque registraba la misoginia de esas palabras, interpretaba el gesto más que nada como una forma de vagancia lírica o la llana ausencia de ideas. «Me enojaba porque, a la vez, hay tantas cosas para decir y siempre salían con eso de ‘andá a lavar los platos'». Nicki prefería que fuera indistinto si su competidor estaba frente a una mujer o a un varón. «Yo quería que viéramos quién tenía más talento».

En 2020, ese aspecto de la escena del freestyle parece haber cambiado. En la Batalla de los Gallos de Red Bull, por ejemplo, el panorama empezó una lenta pero sostenida transformación que mostró resultados en los últimos dos años: en 2019, por primera vez, dos competidoras llegaron a la final nacional (es decir, el 12,5% de los participantes fueron mujeres), una situación que se repitió en 2020. Además, después de que en 2018 Tink se sumara como presentadora para acompañar a El Misionero, la última edición de la competencia tuvo a Taty Santa Ana como única host: tras trece ediciones con conductores varones, la fundadora de la Federación de Freestyle Femenino fue la encargada de liderar la final argentina del evento más importante de batallas de rap de habla hispana.

Como un tópico que atravesó de lleno a la generación de Nicki, el feminismo y algunas de sus reivindicaciones sociales aparecen con mucha naturalidad en las conversaciones que la cantante mantiene con Rolling Stone. En el viaje furioso a convertirse en una estrella internacional, sus primeros pasos fueron más bien tímidos: es difícil encontrar una entrevista de Nicki en 2019 refiriéndose a su propia carrera y convicciones personales con la seguridad y desenvoltura con la que lo hace hoy, sin esquivar las preguntas más complejas, sin hacer respuestas de casete y con sinceridad naturalmente juvenil -en el primer encuentro, una videollamada a fines de noviembre, avisa: «Si estoy diciendo muchas boludeces, avísenme»-.

En los últimos días de 2020 se presta a contar en qué cosas cree, repasar su historia sin dejar nada afuera, y habla -no sin cierta humildad- sobre su activismo en su paso por la escuela secundaria. «Con el centro de estudiantes participábamos de muchas manifestaciones», se acuerda. Nicki estuvo en marchas por el medio boleto estudiantil en Rosario, por la conmemoración de La Noche de los Lápices y, el 8 de agosto de 2018, viajó a Buenos Aires con sus compañeras para aguardar, afuera del Congreso, por la sanción de la ley por el aborto legal, que el Senado terminó rechazando. «Fue una noche tremenda de lluvia y casi nos afanan», repasa en el segundo encuentro con Rolling Stone antes de que se hicieran las fotos en el hotel de Pilar, mientras el equipo de asistentes prepara todo para hacer las primeras tomas de la jornada. Esa misma tarde de la producción para la tapa de este número, las inmediaciones del Congreso vuelven a llenarse de mujeres que aguardan el término del tratamiento de la misma ley por segunda vez -finalmente, la Cámara de Diputados dio media sanción a la ley y el 29 de diciembre pasado, el Senado la aprobó-. Entre Nicki y su equipo de producción, el tema salpica las conversaciones constantemente: se lee un tuit en voz alta, se lanza una proyección o un deseo sobre el resultado, se comenta la intervención de un diputado. Aunque esta Nicki ya habla públicamente de sus convicciones, todavía tiene una cuota de discreción: «Prefiero mantener estas cosas en privado, no necesito ir a una marcha y sacarme una foto», cuenta sobre su participación en 2018. «Soy una chica más que lucha por los derechos de las mujeres, pero tengo 20 años y todavía estoy aprendiendo».

Nicki Nicole
Nicki Nicole Fuente: RollingStone – Crédito: Eugenio Mazzinghi

Por lo completo de su formación, la expectativa familiar estaba puesta en que Nicki pudiera recibirse en la Gurruchaga, pero sus planes no eran los de su familia. «Entre la cursada de doble turno, la tarea y los exámenes, no tenía nada de tiempo para grabar mi música», cuenta Nicki, que a los 17 años no solo tenía ganas de ser cantante, sino también la decisión de cambiar lo que tuviera que cambiar de su vida para conseguirlo. Con ese argumento, le planteó a su mamá la idea de pasarse a una escuela nocturna, que le dejara el día libre para hacer otras cosas que le interesaban. «Si vos querés hacerlo, yo te apoyo», le respondió su mamá. Como si todavía estuviera sorprendida por su reacción, Nicki confiesa: «No sé qué vio en mí, pero creo que entendió que algo, aunque sea chiquito, iba a pasar».

La segunda mitad de 2018 fue clave en la carrera de Nicki. Además del entrenamiento escénico que le venían dando las batallas, compuso y grabó dos temas junto a Jonavi («Ahora quiere volver» y «No puedo seguir»), en los que Nicki empezó a delinear no solo una forma de cantar, sino también una pronunciación que coquetea con el acento neutro, pero sin quedar pegada a los modismos caribeños, como si no fuera de acá, pero tampoco de allá. Esas dos canciones, con letras que hablan de rupturas, tienen también sus videoclips, protagonizados por ella, que todavía pueden encontrarse en YouTube. El mismo año, Nicki también dio su primer show en vivo: el 23 de diciembre de 2018, después de una competencia en el Parque de Eucaliptus de Rafaela -en el centro de la provincia de Santa Fe-, Nicki cantó frente a unas 40 personas algunos de los temas en los que venía trabajando en el último tiempo. «Di el show arriba de una chata, muy nerviosa porque sabía que el audio no era bueno», dice sobre las bases de YouTube que usó. Quienes la vieron en vivo esa noche entendieron que su carrera se proyectaba más allá de la escena provincial. Era cuestión de tiempo hasta que ocurriera.

El video de «Wapo traketero» tiene una austeridad similar a la de sus primeras grabaciones hechas con celular y bases de YouTube. «Llevé mi bici, me puse la remera del camarógrafo y salí andando por el pasto», cuenta. Con la actitud que pocas chicas pueden sostener a esa edad, en el video, Nicole pedalea lento por las calles de tierra de Fisherton, en las afueras de Rosario, mientras mira a la cámara, más de 15 años después de que Pity Álvarez lo hiciera por las calles de Villa Lugano para el video de «Una vela» de Intoxicados -aunque Nicki lo menciona en la entrevista como el artista de rock nacional que más le gusta, asegura que no buscaron citarlo ni fue una referencia para esa toma-.

La letra de su primer hit se escribió vía WhatsApp y versa sobre la conciencia de los encantos de un dealer que logró enamorarla, pero también sobre los encantos propios: «Tener lo que presumen jamás me hizo falta/ casi sin querer, lo mío se destaca», canta. En otras escenas, un ángulo contrapicado refuerza el porte de la adolescente rosarina de contextura pequeña y gestualidad precisa y relajada: nada de lo que se ve en esas imágenes delata la juventud ni la falta de experiencia escénica que Nicole tenía en 2018, y que adquirió de forma intensiva en los últimos 20 meses.

Esa tarde, después del rodaje, Nicki volvió a casa con todas las piernas raspadas y le contó a su mamá que estaba entusiasmada con el nuevo video. «Era todo diferente en ese momento», dice Nicki. Por la intensidad que manejaron sus primeros pasos en la música, esos meses de 2018 en los que grabó «Wapo traketero» aparecen en la charla como si fueran situaciones de otra década. «Estábamos soñando, era todo ‘¡mirá si a la gente le gusta este tema!'», dice sobre la ilusión con la que el 25 de abril publicó el video. Al cierre de esta edición, lleva acumulados 85 millones de reproducciones en YouTube.

Dos semanas después de lanzar el video, Nicki estaba en clase de la escuela nocturna cuando le llegó una notificación que le llamó la atención: «Duki SSJ te mencionó en una historia». El gran fenómeno del trap local y el tercer artista argentino más escuchado en Spotify había compartido su video en Instagram.

«Los algoritmos de YouTube siempre me tiran datita fresca, de gente con pocos viewers. De repente me saltó en el feed su tema, le mandé play y dije ‘a ver keloké’. Me sorprendió que era muy fresca y que tenía muy buena voz. Y cuando empezó a rapear, dije: ‘¡Wow!'», recuerda Duki ahora sobre el momento en que vio el video de «Wapo traketero» por primera vez y decidió compartirlo. «Fue escuchar eso y quedar flipado con los superpoderes que tenía esa niña. Lo compartí porque lo de Nicki era terrible y la escena estaba pidiendo más mujeres que fueran de nuestro género y rapeen. A ella, pum, le tirás un beat y empieza a freestylear, se mete en el estudio y hace sus canciones desde el freestyle. Ella es rapper de la cabeza a los pies. Y de repente tenía este poder de cantar hipermusical. Estaba mega ido y dije: ‘La va a romper toda'».

Atrás de la historia de Duki, llegaron notificaciones en cascada: seguidores, comentarios, alertas de YouTube. «La profesora me pedía que guarde el celular y yo pensaba: ‘¿Cómo le explico a esta señora?'», se acuerda Nicki. «Y cuando se lo conté a mi mamá entendía todavía menos». Lo que Nicki no podía explicar, y que es difícil de resumir en pocas palabras, es una transformación que más o menos inauguró Duki. Entender que un artista salta a la fama antes de grabar un álbum, que cosecha reproducciones de a millones en cuestión de horas, y el fenómeno que se replica e impulsa desde plataformas como YouTube e Instagram conforman una lógica que es propia de esta generación, y hasta un rasgo distintivo de esta escena.

Nicki Nicole en la producción de Rolling Stone, el 10 de diciembre pasado
Nicki Nicole en la producción de Rolling Stone, el 10 de diciembre pasado Fuente: RollingStone – Crédito: Eugenio Mazzinghi

Si 2019 fue la chispa que empezó la carrera de Nicki Nicole, en 2020, lo suyo estaba predestinado a arder. Del montón de proyectos previstos para el año, algunos debieron postergarse (como viajar a España a grabar con Delaossa) y otros se repensaron en tiempos de aislamiento social. En ese cambio imprevisto de agenda fue clave el entendimiento que Nicki logró con Jessica Praznik, una realizadora audiovisual de Lauría Entertainment -la productora que maneja la carrera de la artista- con pasado en Much Music que terminó ubicándose como su persona de confianza para hablar de proyectos, videos, de su imagen o hasta de cómo enfrentar al mundo.

En marzo, cuando la rosarina volvió a escuchar una maqueta de «Colocao» que había grabado en casa de Bizarrap durante el verano, le pareció que era el momento para lanzarlo: «Estaba todo apagado y este era un tema power, pero en ese momento era difícil hasta enviarnos equipos para hacer un video. La llamé a Jessica y me dijo: ‘Despreocupate, lo van a filmar tus hermanos y yo lo voy a dirigir». Asesorados por ella, Guido y Kevin Cucco, que nunca habían tenido una cámara de video en sus manos, estuvieron a cargo de filmar el primer clip que Nicki lanzó en la cuarentena. Praznik les explicó cómo usar las cámaras, cómo iluminar, y qué tipo de imágenes había que lograr en los distintos rincones de la casa de San Isidro. «Cuando me llegó todo ese material era un bardo», dice Praznik. «Pero Nicki se sentó conmigo y a la distancia lo pudimos ordenar». Por las largas horas de conversación sobre ideas, realización y edición, ella finalmente se convirtió en la persona que mejor supo interpretar las ideas de Nicki. «Fue un laburo muy difícil, con muchas limitaciones, pero resultó un punto de inflexión en nuestro vínculo».

Cuatro meses después, con la flexibilización del ASPO, Jessica y Nicki trabajaron en «Mala vida», que debió ser filmado en una sola jornada y con dos cámaras. Con su esposa y dupla creativa, Mariana Point, Jéssica se las ingenió para filmar, en un mismo set y en simultáneo, las distintas escenas del video más ambicioso de la carrera de Nicki Nicole. «Me gustaría que fuera el tráiler de una película», planteó la rosarina, que completó beats y letra de la canción después de maratonear El padrino en cuarentena. Point, que en general desarrolla los guiones de los videos, pensó los argumentos de tres films, del que Nicole terminó eligiendo uno. En base a esa trama, se pensó el adelanto de una película de gangsters que acompañó el lanzamiento.

Más allá de la evidente destreza como realizadora audiovisual, para Nicki, encontrarse con Jessica fue clave para sentirse más segura en la producción de sus videoclips y streamings. «Ella sabe dirigir lo que quiero representar y, además, sabe cuidarme», dice Nicki, que es consciente de la exposición y la presión que la industria pone respecto de su imagen. «Jessica entiende 100% si le digo que me gusta más un lado de mi cara que otro, que un chabón quizás te dice ‘dejate de joder, sos igual de los dos lados'». Aunque las dos conversan con Rolling Stone en instancias diferentes, cuando se detienen a pensar por qué funciona tan bien el tándem Cucco-Praznik, la directora apunta en la misma dirección: «Hay una cosa en las artistas mujeres, seas Cazzu, o seas Nicki, que es que del otro lado van a explorar cada escena milimétricamente. No te podés equivocar», dice sobre el margen de error evidentemente menor que tienen las mujeres que pisan escenarios. «Como directora, entiendo que la presión es mucha. Y no es la cara ni el nombre del realizador el que queda pegado a esa crítica, a ese link que queda para siempre en Internet: es el de la artista».

Otro de los proyectos en que Jessica acompañó a Nicki fue en la grabación del video de «Mamichula», el feat. que la cantante lanzó con Trueno y que produjo Bizarrap. El lanzamiento del videoclip que dirigió Lucas Vignale fue importante para Nicki, también a nivel personal, porque de alguna forma implicó hacer pública su relación con Mateo Palacios. En particular, la realizadora buscó que la escena más íntima del video -esa en la que ambos están abrazados en una bañera como en la icónica escena de Love (2015), de Gaspar Noé- diera los resultados esperados a nivel estético.

«Nosotros decidimos exponernos», dice Nicki sobre la foto que compartió Trueno el 21 de julio de 2020, en la que se mostraron por primera vez como pareja, tras su separación de Khea a principios del mismo año. «Estábamos desde hacía mucho tiempo y sabíamos que la gente quería saberlo. Al principio nos divertimos con eso». Por «eso» Nicki se refiere al juego frenético de fans en el que se rastrean detalles de fotos, se investigan likes mutuos y se especula con el romance de una figura pública. La primera vez que hubo una sospecha fue cuando Nicki subió una foto con una gorra de él. «Yo no sabía, pero él la había usado en una competencia, ahí empezaron los rumores». Ese juego fue relativamente entretenido para ambos, pero necesitó un freno. «A veces te plantean como una exigencia que, por ser fanáticos, les debés una foto juntos todos los días, o contarles lo que hacés todo el tiempo», dice Nicki, que a pesar de que esos canales se convirtieron en una parte importante de su trabajo, todavía elige mantener algunas cosas en privado. «Yo lo entiendo, pero empiezan a ejercer un poder sobre vos que es bastante raro».

Nicole y Mateo se vieron por primera vez en la casa-estudio de Bizarrap, en Ramos Mejía. «Yo a Nicki no la conocía, pero me sentía muy representado con ella, nos pasaron las mismas cosas en el mismo momento», contó el MC de 18 años durante un vivo de Instagram con Rolling Stone, sobre la explosión simultánea de la carrera de ambos. Es que mientras Palacios se convertía, en 2019, en el campeón más joven en la historia de Batalla de los Gallos en Argentina, Nicki Nicole estrenaba el segundo hit viral de su carrera, la «Bzrp Music Sessions Vol.13». «A mí Nicki me parece una rapera de la puta madre, tenía que estar adentro de mi disco. Le dije ‘Biza, ¿vamos a hacer un tema con la Nicki y pudrimos todo a la mierda?». Y eso hicieron: fueron al estudio donde se conocieron cara a cara por primera vez y Mateo hizo la intro de «Mamichula», que incluye versos de «All Eyez on Me» de Tupac. Después, trabajó con Nicki en la letra y con Bizarrap en los beats. Todo el tema salió en tres horas, algo que Trueno le atribuye a «la magia de grabar en lo del Biza».

Cuando empezó la cuarentena, Nicki y Trueno se mudaron juntos. «Fue decidir entre no vernos en toda la pandemia o convivir», cuenta ella. Optaron por lo segundo y a la convivencia le sumaron dos gatitos adoptados: Pac y Lina. «De ahí en adelante empezamos a unir un montón de cosas, que te das cuenta de que todo es mejor de a dos». Pasarse data, mostrarse maquetas y poner en común ideas hoy son parte de la rutina diaria de la pareja. «Siempre apuntamos a fusionarnos, a ayudarnos. Tener a alguien al lado cuando vos te estás matando la cabeza pensando en algo, que te puedan dar otro punto de vista de las cosas, es genial», dice Nicki. «Nos pedimos consejos porque nos importa qué nos vamos a decir, pero no buscamos siempre la aprobación del otro: nos acompañamos para sacar lo mejor de cada uno».

Si las cosas se dieron rápido entre que Nicki grabó el video de «Wapo traketero» con la dirección de la productora rosarina Cocodrilo P&B -que también estuvo detrás de «Años luz», el segundo track que presentó Nicki tres meses después- y ella empezara a sumar reproducciones de a miles, todo lo que siguió tomó una velocidad incluso mayor. A la semana de que Duki lo compartiera en sus redes sociales, el trapero le dijo que desde la productora con la que él estaba trabajando la querían contactar y no lograban ubicarla.

«Vi el video en ese momento y me volví loco», recuerda Federico Lauría, el actual manager de Nicki Nicole sobre el día que le pasaron «Wapo traketero». «Al instante la busqué, le escribí e hice todo lo posible para llegar a ella». Cuando tuvo suerte de que Nicki le contestara los mensajes que le había mandado vía Instagram, Lauría arregló para que ella viajara con su mamá desde Rosario a tener una reunión para hablar sobre su carrera.

Cuando Nicki cuenta cómo se sintió en esos días de vértigo en los que su vida empezaba a cambiar, remarca que ella no conocía a nadie que estuviera involucrado en el negocio de la música, ninguno de sus amigos o familiares sabía cómo era ese mundo. «Nunca estuvimos en ese nivel. Así que estábamos un poco desconfiados», reconoce Nicki ahora. Después de leer los contratos, la propuesta de «te vamos a acompañar en todo» que salió del team Lauría no sonaba tan a lugar común sino que era algo bastante real: era la oportunidad de dedicarse por completo a la música, el motivo por el que había convencido a su mamá para que le aceptara el cambio de escuela secundaria tiempo atrás.

«Ella estaba muy ilusionada con todo lo que podía llegar a pasar, pero también con una timidez muy grande», agrega su manager sobre ese primer encuentro. «Se dio algo muy loco porque en ese primer viaje justo estaba Nathy Peluso acá a unas cuadras y a Nicki le encantaba, así que me acerqué con ella para que la conozcan. Tengo una foto de ese momento y está muy buena por lo lindo que les está pasando a las dos, y cómo, en meses, Nicki pasó de ser admiradora a formar parte de la misma escena y estar nominada en los Grammy Latinos en la misma categoría que Nathy».

Pero si después de «Wapo traketero» Nicki no podía creer la repercusión que estaba teniendo, la «Bzrp Music Sessions Vol.13, publicada en agosto de 2019, la convirtió definitivamente en una nueva estrella. Y mientras en los comentarios en el video de YouTube los haters hacían chistes de que era «la hija de Paulo Londra y Billie Eilish», también le cambió la vida a Bizarrap, que después de grabar con ella dejó definitivamente sus estudios de Administración de Empresas en la UADE. «Cuando escuché el tema con Nicki, dije: ‘Este tiene que explotar sí o sí’. Yo venía con varias Music Sessions que le estaban yendo bien, pero este fue el tema que nos catapultó, tanto a ella como a mí», dice Bizarrap sobre la Music Sessions con la que llegó a meterse por primera vez en el Top 200 Global de Spotify, un logro que con Nicki repetirían en 2020, esta vez siendo parte de «Mamichula» de Trueno.

Nicki también trabajó con Bizarrap en «Plegarias», «Colocao» y, su último tema juntos, «Verte» con el featuring de Dread Mar-I. «Su secreto», dice Bizarrap sobre la cantante, «es que su estilo es bastante único y que es muy adorable, para la gente de cualquier edad. Les puede gustar a adolescentes, veo que le gusta a gente grande. hasta a los bebés les gusta», agrega el productor riéndose. «Es la artista con la que más confianza tengo para grabar. Por lejos».

El 8 de noviembre de 2019, a siete meses y trece días de la salida de «Wapo traketero», Nicki Nicole lanzó Recuerdos, su disco debut, un movimiento bastante inesperado para la dinámica de estos tiempos de singles. «Necesitábamos que ella tuviera repertorio para salir a tocar y mostrarse. Pero no fue que la metimos en un estudio a que saque 10 canciones. El 70 por ciento de esas canciones venían de sus demos del día que la conocí», cuenta Federico Lauría. Además de armarle un setlist digno, Recuerdos le dio la oportunidad de construir un concepto y responder aquel gran interrogante que abrió con su primer hit: de dónde había salido y qué había estado haciendo esta cantante de la que poco se sabía, incluso en su Rosario natal. En el arte de tapa del álbum, a cargo de Federico Sanfeliú -que también estuvo detrás de las portadas de los singles «Mala vida» y «Verte»-, una Nicki Nicole ilustrada sostiene con sus manos una casa con un árbol en el frente y en el margen inferior derecho, escrito tipo tag, dice: «Val’ Paraíso 16-18». Esa imagen es la casa donde pasó sus años de adolescente y Valparaíso 1618 es la dirección. Alcanza con chequear Google Maps para ver que el frente de esa vivienda coincide con el de la tapa. «Ese disco es quien era ella en ese momento, en ese instante, cuando su música salió. ‘Años luz’, ‘Recuerdos’, ‘Plegarias’, eran canciones que si no no iban a salir nunca y eso iba a ser un daño tremendo que ella me iba a reprochar en algún momento, porque no hay nada mejor que las entrañas de esas primeras canciones», cierra Federico Lauría.

En el disco también tuvo el apoyo de Cazzu, que ya la había llevado como invitada a su serie de shows en el Teatro Ópera en agosto y septiembre de 2019, en el track «Cómo dímelo» y otra vez de Duki, pero ahora en la canción «Shorty». Nicki reconoce que es poco sociable y que, sin el recibimiento que tuvo de sus colegas desde el momento de su aparición, le hubiera costado relacionarse con ellos. «En la escena del trap hay buena onda. Lo más importante es la unidad. No hay nada mejor que una unidad para crear una evolución», dice. «Si vos tenés talento y yo tengo talento, vamos a hacer algo el triple de bueno».

Pero ella está en movimiento para alcanzar algo más de lo que la escena trap le puede ofrecer: los shows que mira seguido en YouTube son los que daba Amy Winehouse. Aunque explotó en un entorno digital y no trae el background de una formación artística, algo que la diferencia de las colegas con las que se disputa el podio de las más escuchadas, como Lali y Tini -surgidas de las escuelas de Cris Morena y Disney-, o incluso de Cazzu -que tuvo un recorrido previo de varios años antes de ganarse el título de «Jefa del trap»-, Nicki Nicole se siente atraída por la tracción a sangre, por estar acompañada de una banda. «Me encanta eso», dice, «más que si la música sale de una consola. Se hace más sentimental. Que si se equivocan, salga igual, que en el medio haya un solo de una trompeta o de un bajo, es mucho más piola. Ojalá que algún día pueda crear un show que suene ‘viejo’, con músicos, con coristas que bailan.».

En su corta carrera, Nicki ya tuvo oportunidad de cruzarse con artistas del rock nacional y asegura que le interesa conocer a todos los que pueda. «Son la razón por la que estoy acá. Por el rock nacional el mundo mira a la Argentina», dice. El año pasado, desde que grabó una versión con orquesta para la transmisión online de los Premios Gardel 2020, empezó a citar a «Brillante sobre el mic» de Fito Páez cada vez que hizo ese «Plegarias» -lo repitió en la versión acústica grabada desde su casa en San Isidro para los Grammy Latinos y en el Buenos Aires Trap-. «Me llegó el comentario de que lo vio y le gustó mucho», cuenta Nicki. «Lo crucé en los Grammy de 2019, hablé con él y es una locura estar viendo a alguien que tiene tanto talento. Imaginate todo lo que lleva encima, la música, los premios, y que se tome el tiempo de conocerte. no hay nada mejor que un artista que tenga esos valores».

Los versos nostálgicos de Fito Páez de «Brillante sobre el mic» -«Hay recuerdos que no voy a borrar/ Personas que no voy a olvidar»-, inspirados en su relación con Fabiana Cantilo, que Nicki eligió para sumar a la nueva versión de «Plegarias» tienen un peso importante para ella más allá del homenaje a la figura del rock argentino que salió de su ciudad natal. «Me representan muchísimo», dice. «Es algo personal, creo que nunca estoy en el presente. Siempre tengo la cabeza en alguna persona, un amigo, un familiar, alguien con quien no pude hacer valer el tiempo que tuve». Cuando su mamá la visitó la última vez en Buenos Aires, por ejemplo, se quedó pensando varios días en que pudo «aprovecharla» más. «Hay personas que son clave para mí, que siempre estuvieron, incluso cuando no había nada, y que hoy siguen conmigo», explica. «Para mí el rock nacional tiene eso, en dos líneas te habla de la vida de cualquiera y todos se pueden sentir identificados».

Esa sensación de estar perdiéndose algo, como si una parte suya siguiera pensando en cómo sería su vida de haberse quedado en Rosario, se exacerbó durante los meses más estrictos de encierro. «Me di cuenta de que capaz de un día para el otro no ves más a tu familia y amigos. Te encerrás en tu casa y ya está», dice. Desde que Nicki se fue de Santa Fe, perderse la vida cotidiana con la gente que quiere empezó a pesarle. «Sé que capaz son cosas normales las que me pierdo: que se van a ir a vivir solos, que van a tener proyectos, pero no estar ahí es re chocante porque son cosas que siempre soñás acompañar». Durante las primeras semanas del ASPO ese planteo fue algo parecido a una pequeña crisis: «En un momento llegó un punto en que puse en la balanza ¿qué pesa más? ¿el sueño que estoy viviendo o los momentos que me estoy perdiendo con mi familia, con mis amigos? Hasta que hablé con ellos y me di cuenta: son los sueños de cada uno y, como podemos, vamos a seguir estando presentes».

‘No le podemos exigir a alguien de 20 años que actúe como alguien que tiene 10 años de carrera», dice su manager Federico Lauría cuando habla de cómo Nicki Nicole asimila y vive todo lo que le pasó desde abril de 2019 a esta parte. Un ejemplo claro de que todo es nuevo para ella fue cuando se enteró de que estaba nominada como Mejor Artista Nuevo de los Grammy Latinos 2020 con Nathy Peluso, Cazzu y Wos, entre otros -categoría que finalmente ganó el colombiano Mike Bahía-. Nicki estaba durmiendo, atendió el teléfono porque le insistieron con que era importante, escuchó la noticia de la nominación y se volvió a dormir. Cuando se despertó de nuevo a las horas, entendió de qué se trataba. «Ella no dimensiona lo que fue quedar nominada a los Grammy. Me preguntaba ‘¿es tan importante?’. No termina de entender la importancia que tiene. Lo va comprendiendo sobre la marcha. Otros artistas se prepararon durante años para ese momento, o para hacer una gira de estadios o para hacer una portada de Rolling Stone», completa Lauría.

Diciembre para Nicki Nicole tuvo una agenda completísima. Además de las entrevistas para esta nota y una producción de fotos que duró más de 6 horas en un día que la temperatura llegó a los 35 grados, tuvo el lanzamiento de «Verte» y habló con varios medios para promocionar el tema. También siguió con las grabaciones para completar su segundo disco.

«Ahora todo lo que me traje de Miami tengo que terminarlo», dice Nicki que, como toda buena centennial, es inconformista y reconoce que le cuesta mucho terminar las cosas. «Yo hago una canción, la escucho y la quiero mejorar. Es como que nunca tiene fin. Necesito al lado mío una persona que me diga ‘basta, Nicki, estás deformando la canción'», dice.

Y también le puede pasar que desde que tiene la idea inicial hasta que llega el producto final ella ya no es la misma persona, aunque hayan pasado pocos meses. «Estuve en un año en el que pasé por un montón de cosas, de procesos, de crecimiento, de conocer artistas y personas que me tiraron data, de estudiar canto. y capaz ahora vos me ponés un tema del principio y te digo ‘sacalo’, y si puedo no tocarlo, no lo toco. Pero es más que nada por los cambios y creo que hay que aceptar eso porque es lo que nos hace darnos cuenta de adónde estamos llegando», dice Nicki. «Si fuera por mí, capaz que digo ‘«Wapo traketero» la escucho y no soy yo’, ¿entendés? Pero hace un año era lo que me representaba y lo que más quería hacer y lo que saqué. Por algo lo saqué. Está bueno tener conciencia de que es un proceso y estamos donde estamos gracias a ese inicio. Siempre que la escucho digo ‘qué raro cómo pensaba hace un año’.

Nicki Nicole se despide con una sonrisa, apaga la cámara de la videollamada y continúa con su nueva vida en su casa de San Isidro, en Rosario, en Miami, en un estudio, en un escenario, en su cuenta de Instagram, en YouTube y en Spotify, creciendo mientras todas las luces siguen cada uno de sus pasos.